Evitando Comportarnos como Secta


Queridos amigos,

Antes de continuar con la serie de “Cultivando Relaciones Saludables” seleccioné este articulo para traducción. Lo seleccioné con un gozo inmenso en mi corazón por todo lo que en mi ser despertó y puso en su sitio. He aprendido a ser mejor kadampa gracias a el espejo del Dharma en este hermoso artículo. Espero que a ustedes les sea de igual utilidad.

Desde lo más profundo de mi corazón dedico para que todas las diferencias religiosas terminen para siempre, que el respeto entre los seres crezca e ilumine el camino a la felicidad permanente permitiendo que en todos los reinos la paz prevalezca y se erradiquen los conflictos por creencias, preferencias y formas de acercarse a la enseñanza espiritual.

Que a través de esta traducción todos aquellos con “dolores muy particulares” relacionados a comportamientos erróneos dentro de nuestra tradición encuentren un espejo con el cual reabrir su corazón, y aquellos que no sabían que estaban errados en su forma de proteger la pureza de esta tradición logren humildad y amor que estima a los demás, logrando erradicar el orgullo y ejercer cambios importantes en la manera de relacionarse con las enseñanzas puras de Ye Tsongkhapa y la obra compasiva de nuestro Guía Espiritual Gueshe Kelsang Gyatso en este mundo.

Que todos los seres sean felices; Que todos los seres se liberen del sufrimiento; Que nadie sea desposeído de su felicidad; Que todos los seres logren ecuanimidad libres de odio y apego.

Evitando comportarnos como una secta

Por Kadampa  Ryan

Cuando nos estamos uniendo o ya pertenecemos a una tradición religiosa, algunas veces surge la pregunta: “¿es esto una secta o una tradición pura?”. La respuesta es que todas las tradiciones religiosas no son nada por su propio lado y la pregunta importante sería, ¿como practicantes espirituales nos relacionamos con nuestra tradición como si fuera una secta o de manera cualificada? Si nos relacionamos como si fuera una secta, nuestra tradición será una secta y nuestra relación con ella será insana y destructiva; si nos relacionamos de forma cualificada, nuestra tradición será una tradición pura y nuestra relación con ella será liberadora e iluminadora.

¿Cómo protegernos de relacionarnos con nuestra tradición como si fuera una secta, y hacerlo de forma cualificada?  Gueshe-la nos ha dado la respuesta. En este escrito intento reunir mi entendimiento de todos sus consejos y éstos se aplican por igual a cualquier persona espiritual que esté relacionada con cualquier tradición espiritual, Budista o no-Budista, Kadampa o no-Kadampa. La respuesta corta a la pregunta anterior es: en la relación con nuestra tradición necesitamos evitar los extremos. Si la mayor parte de los practicantes de una tradición se relacionan con ella como si fuera una secta, la tradición estará funcionando convencionalmente en este mundo como si lo fuera. Si la mayor parte de los practicantes de una tradición se relacionan con ella de una forma cualificada, la tradición estará funcionando convencionalmente en este mundo como si fuera una tradición pura. Lo que es una tradición en este mundo, a fin de cuentas, depende de la manera en la que se comportan sus practicantes.

Debido a que estimamos la tradición a la que pertenecemos y deseamos que traiga infinitos beneficios a los seres de este mundo, es nuestra responsabilidad asegurarnos de que nos relacionamos con ella de una manera cualificada, sana y libre de extremos. Si nos relacionamos de una manera sana, nuestros amigos espirituales, estudiantes y todos los demás serán propensos a hacer lo mismo. De este modo, nuestros amigos y familia no estarán temerosos de que nos hayamos unido a alguna secta absurda. Si hacemos las cosas bien, nuestra tradición “podría florecer para siempre” y, si lo hacemos mal podríamos, sin darnos cuenta, destruir nuestro precioso linaje en este mundo. De modo que hay mucho en juego.

Muchos estudiantes de tradiciones espirituales se confunden, no saben qué hacer o cómo reaccionar cuando ven un comportamiento sectario en sus amigos espirituales, incluyendo sus maestros. Aman y estiman su tradición pero ven un comportamiento incorrecto, y esto crea en ellos una crisis de fe que les hace entrar en un terrible estado intermedio, donde están muy apegados a su tradición como para dejarla pero muy reacios a algunas de las cosas que ven como para recibir algún beneficio de ella.

Gueshe-la dice, de manera muy conmovedora, que las personas de edad “tienen muchas tristezas muy particulares.” De la misma manera, los que quedan atrapados en este estado intermedio también las tienen. Estos practicantes tienen muchas tristezas muy particulares. Si nos relacionamos con ellos con compasión, podemos traerlos amorosamente de regreso al redil; si nos ponemos a la defensiva, se sentirán atacados y maltratados. Finalmente, en el mejor de los casos dejarán la tradición, y en el peor, se convertirán en críticos despiadados.

¿Cómo debemos responder cuando vemos conductas sectarias en nuestros amigos espirituales? ¿Cómo debemos responder con compasión cuando uno de nuestros amigos espirituales se encuentra a sí mismo con estas tristezas muy particulares? Primero es importante que aprendamos como lograr que la relación con nuestra tradición sea correcta. Por encima de todo, el Dharma es un espejo con el cual podemos identificar nuestros errores y no una lupa para criticar a los demás. Para lograr que la relación con nuestra tradición sea correcta encuentro muy útil ser cuidadosos acerca de los diferentes extremos en los que podemos caer algunas veces.

 Mantenernos con fe mientras intentamos mejorar.

La mejor ofrenda al Guía Espiritual y que deleita a todos los seres iluminados, es nuestra práctica espiritual constante.

La mejor ofrenda al Guía Espiritual y que deleita a todos los seres iluminados, es nuestra práctica espiritual constante.

El primer par de extremos surge de relacionarnos con nuestra tradición como si existiera por su propio lado. Uno de estos extremos es convertirse en un fanático religioso. En este extremo nos aferramos a nuestra tradición como si fuera inherentemente buena por su propio lado. Cualquiera que critique nuestra tradición o ponga en tela de juicio su pureza se convierte en un «enemigo» e incluso alguien a quien hay que destruir. Algunos fanáticos usan palabras como “hereje” e “infiel”, pero independientemente del tipo de lenguaje que utilicemos, todos sabemos quién es nuestro “enemigo”. Cualquier persona que no comparta la exaltada visión que tenemos de nuestra tradición lo asumimos como alguien inferior o amenazante. Nos convertimos en paranoicos pensando que los demás están tratando de destruir nuestra tradición espiritual pura en este mundo; cuando aparecen faltas, errores o escándalos, nuestra primera reacción es taparlos o generar excusas para los mismos, lo cual siempre hace que las cosas sólo empeoren. En definitiva, nuestro apego extremo a nuestra visión y tradición nos hace hostiles hacia cualquier persona que pudiera pensar diferente a nosotros. Nuestras interacciones con los demás se convierten en miles de maneras para señalar como es que la otra persona está equivocada y nos sentimos inmensamente amenazados cuando ellos hacen lo mismo. Cualquier discrepancia de una lectura estrictamente literal de las cosas es visto como “degeneración” y esas opiniones deben ser extinguidas para preservar la “pureza” de la tradición religiosa, incluso si eso significa tener que recurrir a lo que sólo puede ser descrito como acoso espiritual. El dividir a través de la palabra se convierte en la norma. Verdaderas “caserías de brujas” se convierten en algo común dónde a aquellos que son críticos se les hace sentir claramente que ya no son bienvenidos: o se alinean o ya saben dónde está la puerta.

El otro extremo es convertirse en un crítico religioso. Cuando esto sucede, nos aferramos a una tradición que es defectuosa por su propio lado y de manera inherente. Al inicio, cuando se está siendo crítico, es posible que continuemos asistiendo a tomar enseñanzas pero recibimos poco beneficio porque, antes que nada, vemos las faltas del maestro y la hipocresía de todos los que nos rodean predicando la bondad pero haciendo lo contrario. Con el paso del tiempo nos enfocamos más y más en las faltas que percibimos en los demás hasta que eso es todo lo que podemos ver. Al no querer perder nuestra conexión con la tradición espiritual en la que hemos invertido tanto, mantenemos reprimidas nuestras dudas pero éstas crecen y se ulceran como el cáncer hasta que en algún momento, en una ráfaga de comportamiento pasivo-agresivo, nos enojamos y expresamos nuestras críticas.

Desde el punto de vista de los fanáticos, quizá alguna vez pertenecimos al “grupo de los aceptados” pero de alguna manera ahora nos encontramos del lado de los equivocados, con un discurso divisorio como el de las sectas y convertidos en alguien que debe ser expulsado. Entonces nos aferramos fuertemente a todas las faltas que percibimos y al comportamiento incorrecto que vemos en nuestra organización anterior y, habiendo sido una “víctima” de su comportamiento fanático, sentimos que es nuestro deber y responsabilidad “proteger a otros” de ser atrapados y caer dentro de la secta.

En el Lamrim, Gueshe-la describe los pasos en que las perturbaciones se desarrollan:  primero nos aferramos al objeto que observamos como si por su propio lado tuviera ciertas faltas o cualidades, entonces, gracias a nuestra atención inapropiada exageramos esas faltas o cualidades, algunas veces más allá de lo que podría llamarse razonable. Una vez que hacemos esto nos relacionamos con nuestra exageración como si fuera de alguna manera “una verdad objetiva”.

Ambos, el crítico y el fanático, cometen el mismo error sólo que desde dos perspectivas distintas. El camino medio entre estos dos extremos es “mantenernos con fe mientras intentamos mejorar”.

Recuerdo sentirme muy frustrado la primera vez que leí las enseñanzas sobre la fe en el libro Comprensión de la Mente. La fe estaba definida como el oponente principal a la anti-fe; y la anti-fe estaba definida como el opuesto a la fe. Esto es confuso en el mejor de los casos y tautológico (redundante), en el peor. Pero la fe es la madre de todas las virtudes y la raíz del camino así que debemos aprender a entenderla correctamente. La fe funciona primeramente para oponer la percepción de la falta en un objeto de refugio. La anti-fe percibe estas faltas en un objeto de refugio. Sin sabiduría esto puede ser malentendido fácilmente. Hablando de manera práctica, la anti-fe se aferra a nuestros objetos de refugio como si tuvieran faltas de su propio lado. Si fe es lo opuesto a la anti-fe, podríamos concluir erróneamente que la fe entonces es aferrarnos a nuestro objeto de refugio como algo libre de faltas por su propio lado. Por lo tanto, cuando este objeto aparece con faltas estamos en un dilema: una de dos: decimos que lo que está incorrecto es correcto (racionalizando una conducta incorrecta como algo que de alguna manera está siendo sublime), o nuestra fe se destroza y lo perdemos todo.

Lo opuesto a la anti-fe es no aferrarnos a nuestra tradición como si de manera inherente estuviera libre de faltas, lo opuesto a la anti-fe es la mente de sabiduría que se da cuenta de que nuestros objetos de refugio no existen por su propio lado. Si nos relacionamos con nuestros objetos de refugio como si estos existieran por su propio lado, desarrollaremos rápidamente todo tipo de apego a ellos convirtiéndonos en fanáticos religiosos o aversión a los mismos convirtiéndonos en un crítico religioso.

Una visión pura no significa intentar mirar nuestro objeto de refugio como algo perfecto de su propio lado, más bien significa aprender como ver nuestro objeto de refugio de una manera perfecta desde la cual recibimos beneficio espiritual sin importar como aparece. Esto no es difícil de hacer. Cuando nuestros objetos de refugio parecen hacer algo bien, debemos sentirnos inspirados a emular su ejemplo. Cuando parecen hacer algo equivocado, debemos aprender de su ejemplo lo que no se debe hacer. Y de ambas recibiremos perfecto beneficio espiritual.

Evadir la percepción de la falta en nuestros objetos de refugio no significa no ver las faltas que aparecen, más bien significa dejar de relacionarnos con esas apariencias en una manera errónea. “Mantener la fe” significa hacer precisamente eso. Somos capaces de mantener la fe no pese a la apariencia de una falta, sino más bien gracias a  la apariencia de esa falta. Venerable Tharchin dice que debemos tomar refugio en el Dharma, no en la persona. Si nos refugiamos en la persona y esta comete algunos errores, perdemos todo; si nos refugiamos en el Dharma y la persona comete algún error, aprendemos una lección muy valiosa.

“Intentar mejorar” es muy simple, significa actuar en base a las lecciones que aprendemos al observar la conducta de nuestros objetos de refugio. Cuando vemos una conducta particularmente diestra, buscamos emularla en nosotros mismos. Cuando vemos una conducta particularmente errónea, miramos dentro de nosotros mismos; miramos dónde es que estamos cometiendo el mismo error e intentamos dejar de hacerlo.

Mantenernos con fe mientras intentamos mejorar nos protege de caer en los extremos de ser un fanático o crítico religioso. Apreciamos las buenas cualidades que vemos adoptándolas para nosotros mismos y aprendemos lecciones valiosas de los errores que vemos prometiendo no repetirlos. Aprendemos que nuestra tradición no es una secta ni tampoco una tradición completamente pura por su propio lado, sino que más bien, sencillamente hay distintos practicantes que de manera individual se relacionan con ella en formas diferentes. En lugar de convertirnos en detractores al defender su grandeza o arremetiendo contra sus faltas nos esforzamos en poner sus enseñanzas en práctica sinceramente.

El amor que estima a los demás es un paso decisivo al logro de la Gran Compasión y esta al desarrollo de la hermosa mente de Bodhichitta.

El amor que estima a los demás es un paso decisivo al logro de la Gran Compasión y esta al desarrollo de la hermosa mente de Bodhichitta.

Mantenernos agradecidos mientras clarificamos los malos entendidos.

El segundo par de extremos en el que podemos caer surge de la manera en la cual nos relacionamos con la crítica hacia nosotros mismo o a nuestra tradición. Un extremo es el de la actitud defensiva. Cuando esto sucede nos sentimos injustamente atacados por la otra persona. Sentimos que no aprecian todo lo que hacemos o nuestras buenas cualidades. Exageramos lo que la otra persona está diciendo al pensar que la otra persona cree que somos totalmente malos y no tenemos un solo punto a nuestro favor o cualidades. Debido a que exageramos el tamaño de su crítica la encontramos completamente injusta. El orgullo, a final de cuentas, es una reacción a nuestra inseguridad oculta. Hemos proyectado dentro de nuestra propia mente una visión exagerada de lo maravillosos que somos y nuestros sentimientos de autoestima dependen de mantener esta ilusión. Cuando otros cuestionan esto nos fuerzan a confrontar la falsa historia que tenemos de nosotros mismos, lo cual algunas veces es bastante doloroso. Buscando evadir el dolor sentimos necesario que la otra persona deje de decir las cosas que está diciendo y utilizamos una amplia gama de distintos métodos para intentar callarla; no porque intentemos protegerlos del karma destructivo, sino porque no nos gusta ser criticados.

Nuestros esfuerzos por callar a los demás nos llevan muy a menudo a engancharnos en acciones que van en sentido totalmente contrario a las enseñanzas que hemos recibido, como cuando los Estados Unidos utilizaba la tortura sacrificando sus propios ideales al supuestamente defenderlos. Nuestra mente comienza de forma inmediata a encontrar faltas en la persona que nos está criticando, enfocándonos en todos sus errores y defectos. Seguido nos sentimos impulsados a vengarnos de ellos, señalándoles sus incontables faltas e imponiéndoles castigos por resaltar las nuestras. La dinámica rápidamente avanza en escalada hasta estar fuera de control y ambos lados absortos en su guerra mutua de palabras no se dan cuenta que su propia conducta está probando de manera consistente que la otra persona tiene la razón.

El extremo opuesto de la actitud defensiva es, abyecta rendición o conducta pasiva. Le permitimos a la otra persona que nos critique, asintiendo a su visión negativa de nosotros como si fuera inherentemente correcta y desarrollando todo tipo de sentimientos de culpa, inutilidad y desamparo con lo que erosionamos nuestra confianza. Motivados por un apego equivocado a la paz externa y una aversión profunda por cualquier forma de conflicto, permitimos que la otra persona difunda puntos de vista erróneos sobre nosotros sin oponernos. Correctamente pensamos que sus palabras hirientes son la maduración de nuestro karma negativo por haber criticado injustamente a otros en el pasado, pero erróneamente no hacemos nada para detener lo que está pasando porque si lo hiciéramos esto robaría de alguna manera nuestro resarcimiento a través del sufrimiento. No pensamos para nada en el karma negativo que la otra persona está creando para si misma al criticarnos o al criticar nuestra tradición, ni en el daño que está ocasionando al destruir la fe de otros. Pasivamente nos quedamos sin hacer nada, mientras que todo lo que hemos construido y valoramos, es destruido gradualmente por una corriente incesante de crítica fuera de lugar y acusaciones falsas. Intentamos tranquilizar a nuestros atacantes dándoles lo que desean, incluso si esto significa sacrificar pilares fundamentales de nuestras propias creencias.

El camino medio entre los extremos de la actitud defensiva y la abyecta rendición es “permanecer agradecidos mientras clarificamos los malentendidos”. Si somos honestos con nosotros mismos, cada crítica, aún la más injusta, contiene un grano de verdad. Correcta o equivocadamente aparecemos a los demás en ciertas formas, y cargamos algo de responsabilidad por esas apariencias. Sí, esto es cierto. Lo que aparece en la mente de los demás depende de sus propias perturbaciones y karma pero sería lavarnos las manos decir que la falta recae sólo en ellos mientras pretendemos que somos perfectos; lamentablemente, es muy frecuente que hagamos eso. Desde mi punto de vista, esta es una forma de mal uso del Dharma. Estamos usando las preciosas enseñanzas sobre la vacuidad para escapar de juicios y esquivar críticas incómodas. Cuando hacemos esto, la persona que valientemente expresó sus críticas siente como si la víctima fuera culpada y por lo tanto, concluye (correctamente) que somos unos mojigatos charlatanes, ciegos a nuestras propias faltas. Entonces abandonan la esperanza de encontrar refugio dentro de la tradición a la que pertenecemos y se van descorazonados, desanimados, confusos y algunas veces resentidos. Se van hastiados, hartos de todas las religiones, abandonándolas posiblemente por innumerables vidas antes de encontrar un camino espiritual nuevamente; o se unen a una nueva tradición que se identifica a si misma primeramente como algo opuesto a nosotros. ¿Quién se beneficia de todo esto? Nadie.

Gueshe-la dice que cuando somos criticados debemos expresar gratitud. ¿Cómo puede ser posible que mejoremos si no sabemos lo que estamos haciendo mal? La vigilancia mental es la habilidad de distinguir las faltas de lo que no lo son; la gran sabiduría es la sabiduría que distingue los objetos a lograr de los objetos de abandono. Debido a nuestro orgullo algunas veces la única manera en la que podemos llegar a ser conscientes de nuestros errores es cuando otros nos los señalan. La reacción correcta a la crítica debe ser agradecimiento genuino porque gracias a ella ahora podemos ser mejores. Si estamos cometiendo errores debemos francamente reconocerlos, resarcir cualquier daño que hayamos causado y esforzarnos diligentemente en no repetirlo. Esto no quiere decir que no debamos buscar la clarificación de los malentendidos cuando la crítica sobre nosotros es infundada; no debemos quedarnos sentados tranquilamente mientras nuestra persona o nuestra tradición están siendo atacadas injustamente. Sin embargo, cuando busquemos clarificar los malos entendidos es vital que haya dos condiciones presentes: primero, que nuestra motivación sea compasión genuina que desee proteger a la otra persona de acumular karma negativo para sí misma como resultado de sus falsas acusaciones; y segundo, que no actuemos de maneras que contradigan las enseñanzas que hemos recibido alegando defenderlas, porque si lo hacemos, nos transformamos en nuestro peor enemigo.

La mayoría de las veces nuestra aclaración de los malos entendidos debería tener la forma de una conversación agradecida pero apologética (exponiendo pruebas y fundamentos), en la cual reconocemos nuestros errores y aclaramos dónde ha sido que la persona ha entendido mal. Algunas veces sin embargo, es necesario usar otras formas para aclarar los malentendidos o incluso para acabar con el poder de las palabras falsas en este mundo, pero en ningún momento hemos de violar estas dos condiciones esenciales.

ges1Permanecer inspirado mientras sigues tu propio camino

El tercer par de extremos en el que podemos caer algunas veces surge de la manera en la cual nos relacionamos con las enseñanzas de otras tradiciones. Un extremo es el rechazo. En este extremo rechazamos todas y cada una de las enseñanzas que difieren a las nuestras, y las consideramos incorrectas, inferiores, equivocadas e incluso dañinas. Creemos que nuestra tradición tiene el monopolio de la verdad y todos los demás deberían por defecto estar equivocados o, en el mejor de los casos, parcialmente correctos. Nos aferramos a la existencia de una verdad válida, un camino válido para todas las personas, y pensamos que lo poseemos. Nos sentimos muy amenazados cuando las personas practican de manera diferente a la nuestra y nos sentimos obligados a señalar todas las formas en las que las enseñanzas de otras tradiciones están mal de una u otra manera. Algunos Cristianos, por ejemplo, creen que si la gente no acepta a Cristo como su salvador serán sujetos de una condenación eterna y sienten que es necesario “convertir” a los demás, en un esfuerzo por “salvar sus almas”. A su vez, algunos Católicos creen que si lo que se profesa no es Católico, entonces se trata de una secta. De la misma manera, algunos Budistas miran a los Cristianos de manera arrogante considerándolos como personas supersticiosas con mentes cerradas; si el Budista se siente generoso puede ser que se percate de que hay coincidencias entre la fe Cristiana y el nivel inicial del Lamrim, sin embargo también se reirá  de aquellos Cristianos que creen en Dios como creador e intercambiará una sonrisa con sus amigos Budistas.  Algunos Musulmanes, algunos Judíos y algunos Hinduistas desarrollan también puntos de vista que son equivocados hacia otras religiones similares. Incluso dentro de una religión, las diferentes tradiciones pueden desarrollar puntos de vista similares y rechazar a otra, como por ejemplo Católicos contra Protestantes o el desprecio hacia la casta de los Mormones o los Adventistas del Séptimo Día.

De la misma manera, puntos de vista como estos pueden surgir entre los Budistas como los Hinayanas contra los Mahayanas, Gelugpas contra Nyingpas o Practicantes de Dorje Shugden contra los que no practican Dorje Shugden. Independientemente del ejemplo, la mente es siempre la misma: somos universalmente correctos, todos los demás están equivocados.

El otro extremo es el de mezclar tradiciones. En este caso todas las tradiciones tienen algo útil con lo cual contribuir y nuestro trabajo es mezclarlas y hacer que coincidan las partes buenas de cada una de ellas, dejando fuera las partes que no lo son. De esta manera sintetizamos todas las enseñanzas dentro de una esencia que es igualmente verdadera para todos. A primera vista, puede parecer que un acercamiento de este tipo es el de una mente abierta y no sectaria pero, si el primer extremo de rechazo es una forma de sectarismo el segundo extremo, mezclar tradiciones, es de hecho una forma de sectarismo sutil. ¿Cómo es esto? En primer lugar, es una forma sutil de rechazo con la cual excluimos todo lo que consideramos como los “las partes malas”; en segundo, este extremo se aferra a su esencia sintetizada como la única manera válida de ver las cosas, e hipócritamente, señala a todos los que desean seguir su propia tradición de forma pura, sin mezclarla con nada más, de ser sectarios. Pensar que sólo la mezcla sintetizada es válida es otra forma de sectarismo burdo, la única diferencia de este punto de vista en oposición al de seguir una sola tradición es la mezcla de diferentes tradiciones. Además surgen problemas prácticos, porque al mezclar tradiciones nos transformamos en nuestro propio Guía Espiritual que arrogantemente piensa que puede guiarnos a la iluminación al poner todo esto junto. Quizá podamos tener éxito pero las probabilidades de que lo logremos son muy bajas, incluso si lo lográsemos es seguro que nos tomará más tiempo forjar un nuevo camino por nosotros mismos que seguir uno que ya ha sido probado.

El camino medio entre estos dos extremos es “mantenernos con fe mientras intentamos mejorar”. El Compromiso de Corazón de Dorje Shugden es “seguir una tradición puramente y sin mezclas, respetando a la vez todas las demás tradiciones como válidas para quienes las sigan”.

La mejor analogía para explicar esto es imaginar que estamos atrapados en un cuarto en llamas con muchísimas puertas y queremos salir de él. ¿Qué harías? Seguramente buscar la puerta más cercana para salir cuanto antes ¡No te asomarías en una puerta, luego en la otra y luego en otra más porque entonces nunca saldrías del cuarto! Tampoco te asomarías en lo que dista la media entre dos puertas porque entonces te toparías con la pared ni te asomarías a todas las puertas simultáneamente porque eso te dividiría en muchas partes. Tu elección de la puerta más cercana de ninguna manera se basó en la validez o utilidad que pueden tener las demás puertas para quienes están parados junto a ellas. Si vieras a tu mejor amigo cerca de una salida y tú estuvieras cerca de otra diferente no te pondrías a pelear con tu amigo tratando de que él saliera por tu puerta; al contrario, le dirías que tomase la puerta que tiene más cerca mientras tú haces lo mismo. Ocurre exactamente lo mismo con las diferentes tradiciones: hay muchas puertas espirituales para salir del sufrimiento y cada persona está kármicamente parada junto a distintas puertas. ¿Qué debemos hacer? Buscar la puerta más cercana y salir, cada quien siguiendo su camino. Esto es lo que significa seguir una sola tradición puramente y sin mezclas.

Si comenzamos un camino espiritual, después otro y luego otro más, nunca vamos a escapar del sufrimiento. Si seguimos una media entre dos caminos, no estamos encontrando una salida y muy pronto nos sentiremos confusos tratando de reconciliar dos puntos de vista aparentemente en conflicto. Si seguimos todos los caminos de modo simultáneo, vamos a desgarrarnos espiritualmente en pedazos sin llegar a ningún sitio. Nuestra decisión de que una puerta sea la mejor para nosotros de ninguna manera significa que otras puertas y caminos no sean los mejores para aquellos que kármicamente están más cerca de éstas. Si vemos a nuestro primo, pareja o amigo en una puerta espiritual distinta siguiendo un camino espiritual diferente, no debemos pelear con ellos tratando de que tomen el camino de nuestra puerta; por el contrario, los animamos a continuar su camino de forma pura y sin mezcla porque eso es lo que es mejor para ellos. Respetamos todos los caminos como válidos para aquellos que los siguen. ¿Esto significa que debemos rechazar todos los demás caminos al tiempo que apreciamos su valor para los demás? No. Milarepa dijo: “No necesito libros de Dharma porque todo me enseña la verdad del Dharma”. ¿De dónde viene la sabiduría para lograr hacer esto? Viene de seguir una sola tradición puramente y sin mezclas.

Una tradición religiosa es, al fin de cuentas, una manera de mirar las cosas. Mientras más pura y consistentemente miremos las cosas, más universalmente podremos mirarlo todo y recibiremos enseñanzas. De tal modo que, si leemos el periódico, vamos a cenar fuera con nuestros amigos, visitamos un museo de arte o a cualquier sitio al que vayamos; todo lo que hagamos, todo lo que encontremos nos revelará la verdad del Dharma (o del Evangelio, o del Corán, etcétera; dependiendo de nuestras inclinaciones religiosas).

Algunas cosas nos enseñan las faltas de la estimación propia, otras nos revelan el valor de nuestra preciosa existencia humana y otras más nos enseñan la vacuidad, pero gracias a que estamos claros en nuestro punto de vista todo nos enseña algo, y si podemos hacer esto con una buena canción de los Beatles, ¿por qué no podemos hacerlo también con el Sermón de la Montaña? ¿Por qué no podemos ser inspirados por la fe de los Cristianos, la salubridad de los Mormones, el ejemplo de Gandhi? Esto no significa que mezclemos las enseñanzas de estas tradiciones con la nuestra, más bien quiere decir que podemos mirarlas sin temor desde un punto de vista Kadampa, y extraer lecciones Kadampas de ellas. Hacer esto no es mezclar, es usar el mundo entero como un libro de Dharma.

También es importante notar que el respetar otras tradiciones como válidas para aquellos que las profesan incluye mostrar respeto por aquellos que eligen mezclar tradiciones. Si para algunos mezclar tradiciones es lo que funciona mejor para ellos, entonces debemos estar felices por ellos y respetar su elección espiritual. Así como es incorrecto que ellos nos juzguen por seguir una tradición puramente y sin mezcla, también es incorrecto que los juzguemos a ellos por mezclarlas. Ellos hacen lo suyo, nosotros lo nuestro; permitámonos inspirarnos del deseo de todos y cada uno de ser mejores personas. Esto es verdad por igual para aquellos que desean mezclar las enseñanzas Kadampa con enseñanzas no Kadampas.

Es totalmente normal que exista una amplia gama de grados a través de los cuales uno mezcla su mente con las enseñanzas Kadampa. Algunos se comprometerán con todo el corazón en esta y todas sus vidas futuras a seguir esta tradición puramente y sin mezcla, otros se cruzarán por casualidad con una cita de Gueshe-la cuando estén buscando imágenes en Google. Y habrá muchísimos ejemplos en medio de estos dos. Todos son buenos, ninguno es malo.

Si presentamos el Dharma Kadam como si fuera una propuesta de “todo o nada” la mayoría de la gente elegirá nada, porque aún no están listos para aceptar todo. Por el contrario, si presentamos el Dharma Kadam como “toma lo que consideres útil y deja a un lado el resto para más tarde”, la gente se sentirá libre de enganchar con el Dharma en sus propios términos, de acuerdo a su propio karma, necesidades y disposición.

Si le decimos a la gente que tienen que ser vegetarianos para ser Budistas, elegirán no ser Budistas porque no están listos para ser vegetarianos. Si le decimos a la gente que no tienen que ser vegetarianos entonces se vuelven Budistas y más tarde, quizá de su propio lado, escojan volverse vegetarianos. La misma lógica es válida para todo lo demás.

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Permanecer naturales mientras cambiamos nuestra aspiración.

El último par de extremos que me gustaría que tuviéramos en mente es el que surge de aferrarnos a que solo hay una manera de hacer la práctica. El primero de estos extremos es exagerar la importancia de los aspectos externos de la práctica. Por siglos, nuestra tradición ha sido principalmente monástica así que es natural que tendamos a agarrarnos del ejemplo de una persona ordenada o una persona que está viviendo en un centro o dedicando todo su tiempo a trabajar para que el Dharma florezca, como un ejemplo de lo que supuestamente deberíamos estar haciendo. Algunas personas ordenadas desarrollan orgullo pensando que así es como debe de ser y miran con desdén a aquellos que “no pueden abandonar el samsara”. Algunas personas laicas desarrollan todo tipo de dudas pensando que todo lo que está en su vida y no les permite adoptar este tipo de vida monástica ha sido, de alguna manera, un “obstáculo para su práctica”. Se encuentran divididos entre lo que piensan que deberían estar haciendo si fueran practicantes puros y los compromisos contraídos con su esposa/esposo, hijos, trabajo, etcétera. Entonces se aferran a actividades secundarias como si estas fueran inherentemente mundanas y no espirituales, mientras que vivir y trabajar en el centro budista asistir a cada puja, enseñanza y festival fuera, de alguna forma, inherentemente espiritual. Y como no pueden vivir en un centro de Dharma se conflictúan con sus seres queridos, trabajo, etcétera y sienten una gran tensión entre su vida espiritual y su vida cotidiana.

Si los maestros espirituales no son cuidadosos, pueden fácilmente llegar a caer en la trampa de creer, de manera equivocada, que sus decisiones personales son lo mejor para todos los demás. El maestro diestro entiende que todas las personas son distintas y tienen karmas diferentes por lo que seguirán las mismas enseñanzas de maneras distintas. Las personas que exageran los aspectos externos de la práctica de pronto comienzan a vestirse distinto, se bañan menos, abandonan a sus amigos o actividades que no son de la sangha, comienzan cada cosa que dicen con la frase: “Gueshe-la dice», y de la misma forma se vuelven prejuiciosos acerca de todos aquellos que siguen teniendo niños, parejas, carreras profesionales, van normalmente de vacaciones a algún lugar que no sea un festival o hacia aquellos que no llegan a las pujas, enseñanzas o festivales.

El segundo extremo es el de exagerar los aspectos internos de la práctica. Esto sucede cuando actuamos negligentemente con todo menos nuestra práctica. Pensamos que la única cosa que necesitamos cambiar es nuestra mente; al permanecer enclaustrados en nuestro cuarto evadiendo el contacto con el resto del mundo podemos engañarnos a nosotros mismos pensando que estamos siendo un Bodhisattva.

Cuando nos encontramos en este extremo miramos con desdén a los que participan en las organizaciones de beneficencia u otras buenas causas en el mundo, juzgamos a los que participan en activismos políticos o sociales y nos damos por vencidos dejando de intentar que este mundo sea mejor concluyendo que ya está irremediablemente estropeado como para molestarse en hacer algo.

Venerable Tharchin cuenta la historia de cuando él estuvo en Tharpaland haciendo un retiro largo. Después de varios años de retiro le dijo a Gueshe-la: “Me siento como si estuviera muy cercano de iluminarme, si me mantengo un poco más en retiro voy a lograrlo”. Pensando que Gueshe-la estaría deleitado y le diría que permaneciera en su retiro, Venerable Tharchin se sorprendió mucho cuando Gueshe-la le respondió: “Entonces este es el momento de abandonar tu retiro”. Gueshe-la continuó diciendo, “si te quedas en tu retiro lograrás la iluminación, pero si la logras te convertirás en un «Buda inservible» porque no tendrás conexiones kármicas con los seres vivos”. Entonces Gueshe-la lo envió a Canadá a enseñar y ahí, Venerable Tharchin formó a algunos de los mejores maestros de la tradición, quienes ahora están enseñando a su vez a otros estudiantes.

Posteriormente, Gueshe-la envió a Venerable Tharchin de regreso a Tharpaland para manejar este lugar como un centro de retiro, y establecer con precisión cómo es que un centro de retiro dentro de nuestra tradición debe operar. Aquellos a los que Venerable Tharchin enseñó, se dispersaron por centros de retiro en todo el mundo.

Venerable Tharchin concluye la historia diciéndonos que nuestra habilidad para ayudar a otros depende primeramente de dos cosas: la calidad de nuestras realizaciones internas y la profundidad de nuestras relaciones con los demás. Necesitamos de ambas.

El camino medio entre los dos extremos de exagerar los aspectos internos o externos de nuestra practica es “mantenernos naturales mientras cambiamos nuestra aspiración”. Nuestra principal tarea es cambiar internamente nuestra motivación de una egoísta a una no egoísta, cuando lo logremos nuestra conducta exterior cambiará de forma natural. No podemos hacer cambios externos y tratar de vivir a través de algún concepto fijo de lo que sería un practicante de Dharma creyendo que esto traerá por si mismo una transformación interna.

Es perfectamente posible ordenarse, vivir en un centro de Dharma o pasar nuestra vida entera en retiro y permanecer justo igual de ordinario y perturbado que antes. De la misma manera, es perfectamente posible cambiar pañales, trabajar por largas horas en una carrera demandante o llevar una vida moderna completamente normal y que esto sea el Camino Rápido a la iluminación. Todas las situaciones son igualmente vacías, por lo tanto todos los caminos de la vida pueden de la misma forma ser el Camino Rápido. Todo depende de cómo nos relacionamos con la vida.

Si respondemos con mentes de Dharma a lo que surge en nuestra vida, sin importar cuales son las apariencias de vida que encontremos, estaremos viviendo el modo de vida Kadampa. Si los demás no entienden esto y continúan juzgando nuestras decisiones, esa actitud viene solamente de su ignorancia aferrándose a que hay una sola manera de practicar el Dharma. Necesitamos estar en contacto con el mundo, ayudar de todas las maneras posibles. Gueshe-la dijo que nuestro trabajo ahora es “lograr la unión del Budismo Kadampa y la vida moderna”. Él nos ha dado el Dharma Kadam y nosotros tenemos ya una vida moderna, nuestro trabajo es unir completamente ambos comprendiendo que no se contradicen. Esto no significa que hay algún error o falta en ordenarnos, vivir dentro de un Centro Budista o dedicar nuestras vidas al retiro. Por supuesto que esas cosas son maravillosas y es un tipo de vida del que deberíamos regocijarnos mucho. Si cada estilo de vida es igualmente perfecto para nuestra práctica, entonces también esto es cierto para alguien que decide seguir la práctica de una forma más tradicional. El error está cuando nos aferramos a que hay un solo camino válido para realizar la práctica, sin importar si creemos que es una forma tradicional de hacerlo o una forma más moderna.

183782_203018399710766_202907243055215_820504_2454009_n¿Qué hacer cuando vemos a nuestros amigos espirituales mostrando un comportamiento de secta?

Hemos explorado a profundidad los cuatro diferentes pares de extremos en los que podemos caer al relacionarnos con nuestra tradición, regresemos ahora a la pregunta: ¿qué hacer cuando vemos a nuestros amigos espirituales, incluyendo a nuestros maestros, mostrando un comportamiento de secta?

Hay algo en las enseñanzas espirituales que, de forma natural, tiende a sacar el comportamiento extremo en las personas. La razón de esto es muy simple: son enseñanzas muy poderosas.

Tuve un amigo que amaba toda clase de vehículos que fueran de dos ruedas, desde su primera bicicleta, la motoneta que manejó para ir de un lado al otro durante toda la universidad, hasta su amada Harley. Un día, fue a ver a un amigo suyo que acababa de comprar una moto de carreras a la que cariñosamente llamaba “cohete entre las piernas”. Obviamente mi amigo quiso probar la moto pero antes de hacerlo su dueño le advirtió: “ten cuidado, es muy poderosa”, a lo que mi amigo le contestó: “si, si, ya sé. Déjame probarla.”

Así que mi amigo se montó en la motocicleta y comenzó a andar lentamente por los alrededores hasta que dio vuelta en una esquina y se encontró con el inicio de una larga y recta carretera rural. Queriendo ver lo que la moto era capaz de hacer, se encorvó sobre ella y decidió lanzarla a toda velocidad, dándole el máximo al acelerador. La moto repentinamente se sacudió frente a él y sin saber ni como mi amigo se sorprendió “haciendo un caballito”(con la moto andando tan solo sobre la rueda trasera), acto seguido la moto lo lanzó hacia atrás, y se siguió de frente derrapando por la carretera para finalmente destrozarse en el camino.

Las enseñanzas espirituales son justo así. Escuchamos acerca de ellas y las probamos, primero muy cuidadosamente; pero en cuanto nuestras dudas y vacilaciones iniciales desaparecen es muy probable que tomemos la decisión de adentrarnos profundamente, nuestra mente puede correr de manera desequilibrada y de pronto nos encontraremos derrapando en la carretera espiritual destrozando la moto de nuestra vida espiritual en el camino. Comenzamos tratando de ser mejores personas y encontrar un poco de paz interior pero antes de darnos cuenta, nos transformamos en un fanático de una cruzada espiritual. Así de fuerte es el poder de las enseñanzas espirituales. Así que no deberíamos sorprendernos cuando nuestros amigos espirituales, incluyendo nuestros maestros, llegan a empezar a actuar como si estuvieran en una secta, relacionándose con la tradición a través de alguno de los extremos que hemos mencionado arriba. Todos hemos experimentado esto de vez en cuando.

Personalmente, podría decir que mi tiempo dentro de la tradición Kadampa puede dividirse en dos fases distintas:

Durante la primera década, más o menos, la visión que los estudiantes tendían a desarrollar acerca de sus maestros era la de verlos como “Budas”. Normalmente, la gente solía bromear acerca de los “poderes milagrosos” de sus maestros y en el momento en que alguien tenía un problema con el comportamiento del maestro, era el estudiante quien debía de «mantener una visión pura”. Los maestros sentían a su vez, que tenían que fomentar la idea de los estudiantes pretendiendo ser Budas, porque aparentemente esto los ayudaba a generar fe y por lo tanto, llevar las enseñanzas a su corazón. Pero esto ocasionó muchísimos efectos secundarios no intencionados que fueron muy dañinos. Algunos maestros llegaron a creerse esta idea pensando que eran infalibles y negándose a considerar que pudieran estar cometiendo errores. Algunos otros comenzaron a tener todo tipo de comportamientos de manipulación espiritual, visualizándose a sí mismos como Marpa domando a muchos Milarepas rebeldes. Otros maestros, reprimieron todas sus perturbaciones pretendiendo que no tenían ninguna para así mantener una imagen externa pero el desenlace fue bastante predecible: se sintieron cada vez más atrapados, incapaces de discutir sus perturbaciones y problemas personales con ninguno de sus amigos espirituales. Las perturbaciones al ser reprimidas se pudrieron y crecieron ocultas bajo la superficie como un cáncer hasta que, un día, estallaron en una gran variedad de sucesos dramáticos: desde desordenarse, escándalos sexuales, hasta separarse de Gueshe-la y querer establecer su propia tradición y linaje.

Por otra parte, los estudiantes comenzaron a tener todo tipo de comportamientos insanos, relacionándose con sus maestros a modo de secta, en un intento desesperado de ser aprobados y amados por ellos, pero jamás teniendo éxito. Cuando se toparon con comportamientos inadecuados por parte de sus maestros, se les llegó a decir que eran sus propias perturbaciones y visiones erróneas, y de pronto se encontraron inmersos en un montón de nudos espirituales tratando de decir que lo que está mal, de alguna manera está bien. Sentían que estaba mal hacer preguntas o cuestionar a sus maestros sobre las cosas que decían y así, su confusión cada vez fue creciendo más: malentendido sobre malentendido. Algunos estudiantes quedaron tan profundamente marcados por este tipo de relaciones que sintieron la necesidad de dejar la tradición, o bien se quedaron pero aún hoy se juzgan constantemente a sí mismos como espiritualmente pobres.

Entonces Gueshe-la, en uno de los Festivales de Verano dio una enseñanza que lo cambió todo. De manera clara e inequívoca dijo que debemos ver a nuestros maestros como una joya de la Sangha, no una joya de Buda. Ellos como nosotros, son practicantes que están tratando de practicar las enseñanzas de la mejor manera posible pero siguen enredándose con sus perturbaciones y cometiendo errores. También dijo que, cuando los maestros enseñan en el trono, los estudiantes deben pensar que una emanación de Yhe Tsonghkapa entra en ellos y enseña a través de ellos. De esta forma, los maestros se convierten en una “emanación temporal”, pero que al bajarse del trono debemos relacionarnos con ellos de una manera “exactamente normal”. Gueshe-la dijo que cuando nuestros maestros parecen tener un error, con una mente de amor que estima a los demás, por el maestro, el estudiante tiene la responsabilidad de acercarse a él y expresar sus preocupaciones ya que si no lo hacemos, la conducta errónea continuará y esto podría amenazar la continuación de la tradición. También dijo que, cuando nos acercamos a nuestro maestro hemos de hacerlo con respeto, diciéndole, “primeramente quiero agradecerte todo lo que has hecho por mí, sin embargo, he notado que tienes una tendencia a hacer xyz. Posiblemente estoy equivocado, pero esto me parece que no es correcto por xyz. Quizá estoy mal entendiendo, y espero que tal vez me puedas clarificar tu perspectiva sobre el asunto.”

Gueshe-la entonces nos dijo como se supone que el maestro debería responder.

El maestro debe primeramente agradecer a la persona por sacar el tema a conversación, después reconocer con honestidad todos y cada uno de los errores que la persona está señalando y finalmente, clarificar cualquier malentendido. El estudiante debe escuchar con una mente abierta la explicación del maestro. Gueshe-la dijo que, si lo hacemos así obtendremos sólo beneficios.

El maestro se hace consciente de sus errores, de manera que puede hacer las cosas mejor en el futuro. El estudiante siente que sus preocupaciones han sido escuchadas y reconocidas, y se va feliz. Si el estudiante tenía razón y el maestro cambia, la fe del estudiante en su maestro se hará más profunda porque verá que su maestro está sinceramente poniendo en práctica las enseñanzas. Si el estudiante está equivocado, entonces la explicación paciente del maestro para clarificar cualquier malentendido ayudará al estudiante a ver las cosas con más claridad en el futuro. Si no lo hacemos de esta manera, sólo obtendremos daño. El maestro continuará con sus errores y el estudiante se quedará atorado con sus dudas y apariencias de faltas. Los estudiantes entonces, pierden todo refugio.

Aunque no de manera explícita, creo que Gueshe-la expone en este consejo que si el maestro ve que el estudiante está atrapado con dudas, éste debe acercarse a él compasivamente y tratar de clarificar el aire un poco, de manera que todas las preocupaciones se disipen y el estudiante pueda avanzar libre de problemas en adelante.

Después de que Gueshe-la diera esta enseñanza, tomó muchos años para que las cosas realmente cambiaran pero año con año las cosas han ido cada vez mejor. Por supuesto, aún hay residuos del comportamiento anterior, los viejos hábitos son difíciles de erradicar; pero en general, con esta aclaración las cosas definitivamente van en dirección de ser cada vez mejores.

El Dharma puede ser perfecto pero nosotros aún somos seres profundamente imperfectos, así que es natural que de vez en cuando hagamos un verdadero caos de las cosas. Es perfectamente normal y no es un problema, mientras que aprendamos de nuestros errores y sea parte del camino. Al final de cuentas, nadie quiere ser parte de una secta y definitivamente, Gueshe-la no quiere que nos convirtamos en una.

Ninguna tradición espiritual es de su propio lado una secta o una tradición pura. Si nos relacionamos con nuestra tradición espiritual como si fuera una secta, con los comportamientos extremos descritos con anterioridad, transformaremos a nuestra tradición en una secta. Pero si en lugar de eso nos relacionamos con nuestra tradición en una forma sana y balanceada, transformaremos a nuestra tradición en una tradición pura.

Todos tenemos la responsabilidad de la continuación del linaje en una forma en la que podamos estar orgullosos del mismo. Como dice en la sadhana de Dakini Yoga: “De ahora en adelante voy a realizar todas mis acciones conforme a este noble linaje, y jamás voy a deshonrar este linaje de inmaculada pureza.” Esto no significa que no vayamos a cometer errores y a comportarnos como una secta, más bien significa que cuando lo hagamos recordemos las enseñanzas y hagamos un intento honesto para encontrar el camino medio.

Que todos los conflictos y tensiones entre las tradiciones religiosas cesen y se respeten e inspiren los unos a los otros.

Que cese todo comportamiento extremo rápidamente, que encontremos la humildad para admitir nuestros errores y aprender de ellos, y que todos aquellos que adolecen de los sufrimientos tan particulares que se asocian con la conducta sectaria, encuentren paz.

Sobre todo, que mi comportamiento mejore continuamente de manera que pueda, a mi propio modo, ayudar a la tradición de Yhe Tsongkhapa a florecer para siempre.

Acerca de belikeawaxingmoon

Practicante de la Nueva Tradición Kadampa
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